sábado, 26 de diciembre de 2009

Volviendo al ruedo

Hola amigos, una vez más; y varias en este año, retomando este blog para compartir con uds algún pasatiempo. para despedir el año, les dejo un breve cuento que escribí hace unos años. Espero sus comentarios, es medio morboso el tema, pero al fin, es lo que quiero compartir.


Aberración
Las duras manos presionaron fuertemente sobre su garganta. Los gritos quedaron ahogados y se extinguieron mudos. El aire le faltaba y ya no podía ofrecer mayor resistencia. La niña se sentía morir entre los férreos dedos de aquel desconocido que la sorprendiera retornando a casa.
La oscuridad era completa, fatalmente cómplice de aquel despreciable individuo que escudaba su rostro lascivo en las sombras noctámbulas. Aunque no pudiera ver la faz de su atacante, la niña se estremecía y asqueaba con el etílico aliento del agresor.
Totalmente extenuada, sin un hálito de fuerzas para defender su integridad, quedó tendida entre la maleza, sintiendo como aquellas manos corsarias desgarraban sus prendas y su dignidad. Sintiendo que era despojada de su inocencia y avasallado el recinto sagrado de su delicada humanidad. El dolor comenzó a ganarle el cuerpo cuando aquel miserable empezó a invadirla. Sentíase morir de la impotencia, y aquel resuello insoportable que le golpeaba el rostro le daba náuseas.
La niña lloraba con mudos gemidos; esto excitaba más a su agresor que la poseía con mayor brutalidad. El dolor bajo su vientre era atroz y sentía un hilo caliente de sangre escapando de su naturaleza herida.
-¿Por qué no pasa nadie? ¿Por qué no viene alguien a salvarme? ¿Por qué no detiene alguien esta humillación?- Preguntas que nadie contesta y que se agolpan embotadas en su cabecita confundida.
-Por Dios, ¡que se acabe este infierno!- ruega íntimamente.
El individuo se detiene al fin consumado su aberrante delito y se pone de pie. Mira complacido su obra brutal, aquel pequeño guiñapo que llora en silencio con su desnudez expuesta a las estrellas. Pronuncia amenazas que no la niña no oye, pues está en otra parte su pensamiento, su razón.
- ¿Ya se irá? ¿Cuándo me dejará libre? –Piensa mientras el dolor sigue insoportable.
El delincuente comienza a rondar el lugar, algo busca entre las malezas y vocifera improperios. Parece que al fin da con su objetivo. Se incorpora y se vuelve hacia la niña que sigue, temerosa y anonadada, aguardando verse libre echada aún en la hierba regada de su sangre y violencia.
-Por Dios, ¡qué está por hacer!- la noche ahoga un grito y un golpe seco vuelca más sangre en la hierba.
La noche inscribe una nueva víctima en su oscura lista de crímenes. Tendida en la maleza, queda el cuerpo blanco y todavía tibio de la niña violentada. Sus ojos apagados miran fijos las innumerables estrellas. Y de su cabecita se escapan, como mariposas asustadas, las preguntas sin respuesta por la profunda herida profusa de sangre. Por donde se le escapa el alma y se le apaga la vida.





sábado, 31 de octubre de 2009

La vejez

Hola, volviendo un poco al ruedo los invito a que veamos el siguiente video con su correspondiente letra y contesten alguna de estas preguntas


"Me llegará lentamente
y me hallará distraído
probablemente dormido
sobre un colchón de laureles.
Se instalará en el espejo,
inevitable y serena
y empezará su faena
por los primeros bosquejos.

Con unas hebras de plata
me pintará los cabellos
y alguna línea en el cuello
que tapará la corbata.
Aumentará mi codicia,
mis mañas y mis antojos
y me dará un par de anteojos
para sufrir las noticias.

La vejez...
está a la vuelta de cualquier esquina,

allí, donde uno menos se imagina

se nos presenta por primera vez.

La vejez...

es la más dura de las dictaduras,

la grave ceremonia de clausura

de lo que fue la juventud alguna vez.


Con admirable destreza,
como el mejor artesano
le irá quitando a mis manos
toda su antigua firmeza
y asesorando al galeno,
me hará prohibir el cigarro
porque dirán que el catarro
viene ganando terreno.

Me inventará un par de excusas
para amenguar la impotencia,
""que vale más la experiencia
que pretensiones ilusas"",
me llegará la bufanda,
las zapatillas de paño
y el reuma que año tras año
aumentará su demanda.

La vejez... es la antesala de lo inevitable,
el último camino transitable
ante la duda... ¿qué vendrá después?...
La vejez... es todo el equipaje de mi vida,
dispuesto ante la puerta de salida
por la que no se puede ya volver.

A lo mejor, más que viejo
seré un anciano honorable,
tranquilo y lo más probable,
gran decidor de consejos
o a lo peor, por celosa
me apartará de la gente
y cortará lentamente
mis pobres, últimas rosas.

La vejez...
está a la vuelta de cualquier esquina,

allí, donde uno menos se imagina

se nos presenta por primera vez.

La vejez...

es la más dura de las dictaduras,

la grave ceremonia de clausura

de lo que fue la juventud alguna vez.

  • ¿Qué imagen de viejo les genera la letra?
  • Teniendo presente que es una letra de hace 25 años, ¿es la imagen de los “nuevos viejos” actuales?
  • Gracias Arte por este regalo

    sábado, 5 de septiembre de 2009

    Para los Maestros

    Volviendo al ruedo, después de forzada ausencia y como el calendario nos dice que pronto hemos de celebrar el día del maestro, alguien me ha hecho llegar estas sabias palabras de la Madre Teresa, dedicadas a los que hemos elegido o no (porque a veces hemos caído circunstancialmente) esta profesión de educar y formar. No más cháchara, y disfruten las palabras de la Beata y de una yapa, (hagan clik sobre el final).

    Enseñarás a volar,
    pero no volarán tu vuelo.
    Enseñarás a soñar,
    pero no soñarán tu sueño.
    Enseñarás a vivir,
    pero no vivirán tu vida.
    Sin embargo...
    en cada vuelo,
    en cada vida,
    en cada sueño,
    perdurará siempre la huella
    del camino enseñado.

    A los verdaderos maestros

    jueves, 23 de julio de 2009

    miércoles, 22 de julio de 2009

    EL DERROTADO (Cuento)

    I
    El humo del cigarrillo impregnaba la silenciosa quietud de la habitación en penumbras. El incómodo sofá estaba ya exhausto y aburrido del ocio de su ocupante. El hombre llevaba largas horas aletargado, ebrio de alcohol, tabaco y melancolía. Miraba sin ver la lluvia tras los ventanales empañados. Miraba sin ver la tristeza que tiene la lluvia bajo la luz de las lámparas de neón, con su tardo, eterno e inacabable descenso, negándose a morir en el oscuro pavimento, en algún innominado charco de acera.
    Nada miraban los ojos llorosos. Ningún movimiento de los pesados miembros. Y la respiración sorda, lerda, refleja, era el único signo vital que denotaba que aquel bulto de carne y huesos era un ser humano.
    Abatido, sí, es éste el mejor término con que calificarlo. Abatido, vencido. Una sombra de hombre. Sí, eso era precisamente lo que en aquella habitación había.
    Por enésima vez el teléfono chillaba. Por enésima vez el contestador con su voz artificial e indolente denunciaba que no había nadie en casa, que intente en otro momento o deje su recado tras la señal; al teléfono una voz masculina reclamaba ser atendida por octava o novena vez en la jornada. Pero el contestador era falaz, o quizás no. ¿Puede mentir un aparato, o la mentira es sólo un vicio humano? Lo cierto es que era una situación confusa, pues había alguien en esa casa, pero no correspondía precisamente llamar ‘persona’ a ese despojo humano que yacía en el sofá.
    Despertando de aquel dilatado letargo, buscó a tientas la botella de whisky que yacía sobre una desvencijada mesa ratona, sin una gota ya del elixir evasivo. Maldijo casi ininteligiblemente por quedarse sin licor. Maldijo su soledad, su caída estrepitosa e iba a maldecir algo o alguien pero se quedó con esa palabra sin atreverse a decirla, arrepintiéndose con un supersticioso temor.
    Torpemente logró incorporarse, pero el alcohol dominaba todo su cuerpo, era el amo de los miembros que ya no le respondían. Nuevamente se dejó caer pesado sobre el sofá. Ahuyentó las sombras encendiendo una vetusta lámpara de pie que tenía al alcance de su mano. Una vaga luz amarillenta infundió un aire de tristeza en la habitación, que de no ser por el desorden imperante, hubiera mostrado un buen gusto decorativo, seguramente de mano femenina.
    Sobre la mesita donde yacía la botella vacía y los cigarrillos, junto a un colmado cenicero de puchos a medio expirar y grises cenizas, se encontraba tendido el retrato de una mujer (seguramente la del buen gusto decorativo), con una sonrisa amplia capaz de iluminar mejor que aquella antigua lámpara, y poseedora de unos ojazos negros que bien podían ser tentación y perdición de un devoto sacristán. También había allí, junto al retrato un papel pálido y ajado que dejaba distinguir unos delicados trazos azules.
    Parecía una carta, leída y releída por aquel ignoto desgraciado como los eruditos que releen la Biblia buscando en ella nuevas revelaciones; tal vez aquel lo hacía queriendo cerciorarse de que aquella no dice eso que dice. Buscando que se desmienta; que sea evangélica y no funesta.
    Y por enésima vez, el hombre tomó entre sus temblorosas manos delicadas y cuidadas el retrato de la sonrisa y los ojazos, y también tomó con mucho mayor temblor la misiva.
    Será de suponer que aquellas cosas que sus manos apretaban eran la causa de tanta desidia y derrota. Será de suponer que aquel ser infeliz se había derrumbado por aquella representante de esa delicada, hermosa, y peligrosa especie que son las mujeres. Será de suponer que aquel hombre fue vencido por el amor, y se está muriendo de amor y desamor.
    El teléfono vuelve a quebrar el monótono silencio que se acompaña a veces de sollozos, y otra vez el contestador cumpliendo su misión. Una voz de hombre, la misma de hace un momento atrás, que denota aflicción reclama ser atendida y se da por vencido al cabo de unos minutos, diciendo antes de colgar: ‘Voy para allá, estoy preocupado por vos’.
    El hombre se pone nuevamente de pie, con cierta dificultad y pesadez, con la carta y el retrato entre sus manos se arrima al ventanal. En la calle unas pocas personas anónimas, presurosas van y vienen, esquivándose y eludiendo charcos. El hermetismo de la habitación lo aísla de todo el ruido exterior, ante sus ojos pasan sólo imágenes mudas. La noche húmeda y amurriada conspira contra aquel desventurado, sumiéndolo aun en más profundo penar.
    Con un desconocido aire resuelto, deja la carta a un lado, y conservando sólo el retrato se dirige hacia un mueble que exhibe cristalería y platería fina. Abre un cajón y extrae algo pequeño, metálico, frío, que empuña fuertemente. Pero aun le tiemblan las manos. Vuelve hacia el sofá y se deja caer. Mira alternadamente los objetos que porta en sus manos, una y otra vez. Las lágrimas lo vencen y sin resistencia fluyen de los ojos apagados.
    Afuera sigue la humedad de la lluvia, adentro la de las lágrimas. Pasan los minutos pero todo sigue igual.
    Por primera vez dice algo, con su voz quebrada y ronca, lastimera como la del cobarde que implora piedad ante su verdugo. Se le oye decir: -‘Dios, si es que existís, ¿dónde estás ahora?. Ves, yo tenía razón acerca de vos, sos un mal para los hombres, se confían en vos pero siempre los defraudás, pero a mí no me engañaste nunca. No existís, Dios, eres un invento inútil. Y en lo que voy a hacer no hay pecado, porque no existís para que te ofenda, lo que voy a hacer es medicina. ¿Entendés?’
    Deja el retrato sobre la mesita y apoya contra su barbilla el objeto metálico. La luz de la lámpara delata que es un pequeño revolver. El dedo sobre el gatillo tiembla, da una última mirada a la sonrisa blanca del retrato y luego cierra fuertemente sus ojos llorosos.
    El silencio se quiebra con un estallido terrible...

    II
    Sorprendido, el hombre mira en dirección del ventanal que se ha roto, del exterior llegan los sonidos de la lluvia junto a los del ir y venir de los coches, del borde de unos de los trozos del cristal bajaba lentamente como esperma de cirio un hilo de sangre, la vida se cuela por la ventana rota.
    Posada en la mesita, con su mirada asustada, una nívea paloma gime frente al fallido suicida. Extraviada seguramente en la tormenta, toda empapada y herida por el filo del cristal, la paloma mira al hombre con tiernos ojos inquisidores. El hombre nada hace, su corazón se agita veloz; la sorpresa y extrañeza han desplazado al miedo por un momento. La paloma sigue allí, con su misma mirada y el mismo gemir. La mancha escarlata gana más el níveo plumaje.
    El llamado del timbre, agudo y desesperado, lo saca del asombro pavoroso. El timbre sigue llamando, la puerta grita con su voz de madera. Alguien llama desde afuera, la misma voz que estaba al teléfono reclama atención: -‘¡Martín, soy Jorge, abríme por favor! ¡Martín! ¡Sé que estás allí, abrí!’
    La paloma sigue allí, estática. El desventurado se levanta, todo lloroso y aún preso del asombro. Va hacia la puerta, gira la llave y la abre. Frente a él la afligida imagen de su amigo se le aproxima.
    -‘¿Qué te pasa hombre? Te estuve llamando todo el día. Me tenías en suspenso y con un miedo atroz.’ Se detiene al observar el estado del cuarto, la figura demacrada del hombre, mira la ventana rota, la paloma gimiendo sobre la mesita, y el arma todavía en la mano del amigo.
    -‘Dios santo, ¡¿qué ha pasado aquí?! ¿Martín, que ibas a hacer, hermano?’. Con un gesto seguro y rápido quita el arma al pobre hombre. Su cara denota una preocupada sorpresa.
    Balbuceando entre lágrimas, con la misma voz ronca y quebrada, como un niño que cuenta a su madre su accidente, dice a su amigo oportuno: -‘Dios, él parece que sí existe. Ella me salvó’ -Y señaló la paloma. ‘-Si ella no hubiera aparecido ahora no me encontrás vivo’.
    -‘Hombre, ¿qué cosas dices? Vení, sentate. Me tenías muy preocupado y temí esto por un momento. Vení, dale.’
    El teléfono suena nuevamente. Los hombres lo dejan sonar. El amigo prefiere prestar su hombro al abatido ser que llora como un niño. La paloma sigue allí, igual, nívea, seca y extrañamente su mancha escarlata a desaparecido, pero nadie se da cuenta. El contestador cumple su autómata tarea. Una delicada voz de mujer deja su mensaje luego del beep.
    -‘Señor Quiroga, llamo de la funeraria, hemos dispuesto todo para el sepelio de su esposa. Pase cuando pueda por nuestra sala, lo estamos esperando. Hasta luego.’

    20/05/96

    sábado, 18 de julio de 2009

    Oración de la culpa

    Yo no soy culpable
    y tampoco ella lo es;
    Señor, tú me hiciste hombre,
    tú la hiciste mujer,
    tú eres el culpable por darle
    esa belleza tan cruel.
    El amor no es un pecado
    amar, ésa es tu ley;
    amar como la amo
    ¿a quién puede ofender?.
    “Amaos los unos a los otros”
    dijiste, mi Señor, alguna vez
    y yo la estoy amando
    de una manera pura y fiel.
    Yo no soy culpable,
    tampoco ella lo es,
    y a los ojos del mundo este amor
    no se puede comprender.
    Señor, tú eres el culpable,
    tú que nos hiciste hombre y mujer,
    ¿acaso no es mayor pecado
    no amarla, así como ella es?,
    ¿acaso no es una ofensa
    despreciar el agua que se ha de beber?
    entonces ¿cuál es mi culpa?
    Dime Dios mío ¿cuál es?
    si al amarla, Señor, como la amo
    yo cumplo con tu ley.
    Perdóname, Dios mío,
    yo no soy culpable, y ella,
    tampoco lo es;
    tú tienes la culpa por darle
    esa belleza tan cruel,
    que hasta tus ángeles la amarían
    si pudieran hombres ser.

    (12 de diciembre de 1.993)

    miércoles, 1 de julio de 2009

    Dos poemas sin nombre

    15-06-05
    Inclinaban los eucaliptos
    sus copas mojadas,
    persuadidos por el viento
    que frío susurraba
    la triste cantinela
    que anoche liberara
    el torpe poeta
    que reside en mi alma.

    20-06-05
    Después de varias noches
    la luna, al fin mostraba
    pródiga de luz
    su redonda cara,

    y bañaba con fina plata
    aquellos mismos eucaliptos
    que hasta anoche danzaban
    con la triste cantinela
    que Eolo me robara.

    lunes, 22 de junio de 2009

    No tiene un nombre, lo sugerís vos?

    Esta nostalgia que me invade
    nació en atardeceres que no olvido.
    En la salobre oscuridad que hay en mis noches
    en la enorme soledad que hay dentro mío.

    Huyeron como pájaros mis sueños
    en una emigración carente de regresos;
    se llevaron mi ilusión, mi mañana, mi alegría.
    Y hasta el último recuerdo de unos besos.

    martes, 16 de junio de 2009

    FUGITIVA

    Llevas el estigma de la melancolía
    tan propia del mes de abril
    en las manos frías que vuelan
    buscando puertas para huir
    de aquellos que te acechan,
    de los que no te dejan vivir.

    Buscas ventanas al olvido
    de heridas que no quieres volver a abrir,
    de pasados lejanos,
    que habrán de alejarse
    como golondrinas viejas
    que en el próximo verano
    ya no han de venir .

    Y buscas a tientas en la noche
    un azul camino sin fin
    para tus pies cansados
    prestos a huir;
    y buscas el presente
    que te ha de convertir
    en esperanza nueva
    y un amargo recuerdo que . . .
    ya no habrá de venir.

    sábado, 6 de junio de 2009

    Golondrinas

    Te ocultas donde los pájaros
    huyen en invierno
    y dejas mi alma triste
    robándole alegrías.
    Duermes en mis recuerdos más profundos
    (dentro de mi cuerpo),
    te llenas de mi ser y dejas melancolía.
    Te bebes mis ganas, mi amor
    y luego emigras
    dónde sólo se llega
    por caminos sembrados de espinas.

    domingo, 17 de mayo de 2009

    HOMENAJE A MARIO BENEDETTI

    VICEVERSA

    Tengo miedo de verte
    necesidad de verte
    esperanza de verte
    desazones de verte
    tengo ganas de hallarte
    preocupación de hallarte
    certidumbre de hallarte
    pobres dudas de hallarte

    tengo urgencia de oírte
    alegría de oírte
    buena suerte de oírte
    y temores de oírte

    o sea
    resumiendo
    estoy jodido
    y radiante
    quizá más lo primero
    que lo segundo
    y también
    viceversa.

    TÁCTICA Y ESTRATEGIA

    Mi táctica es
    mirarte
    aprender como sos
    quererte como sos
    mi táctica es
    hablarte
    y escucharte
    construir con palabras
    un puente indestructible

    mi táctica es
    quedarme en tu recuerdo
    no sé cómo ni sé
    con qué pretexto
    pero quedarme con vos

    mi táctica es
    ser franco
    y saber que sos franca
    y que no nos vendamos
    simulacros
    para que entre los dos
    no haya telón
    ni abismos

    Mi estrategia es
    en cambio
    más profunda y más
    simple

    Mi estrategia es
    que un día cualquiera
    no sé cómo ni sé
    con qué pretexto
    por fin me necesites.

    HAGAMOS UN TRATO

    Compañera,
    usted sabe
    que puede contar conmigo,
    no hasta dos o hasta diez
    sino contar conmigo.

    Si alguna vez
    advierte
    que la miro a los ojos,
    y una veta de amor
    reconoce en los míos,
    no alerte sus fusiles
    ni piense que deliro;
    a pesar de la veta,
    o tal vez porque existe,
    usted puede contar
    conmigo.

    Si otras veces
    me encuentra
    huraño sin motivo,
    no piense que es flojera
    igual puede contar conmigo.

    Pero hagamos un trato:
    yo quisiera contar con usted,
    es tan lindo
    saber que usted existe,
    uno se siente vivo;
    y cuando digo esto
    quiero decir contar
    aunque sea hasta dos,
    aunque sea hasta cinco.

    No ya para que acuda
    presurosa en mi auxilio,
    sino para saber
    a ciencia cierta
    que usted sabe que puede
    contar conmigo.

    sábado, 9 de mayo de 2009

    Una sola poesía: VOY A DECIRTE ADIÓS

    Voy a decirte adiós
    haciendo del silencio un arte,
    y cuando emigre sin nombrarte
    te pondré en manos de Dios.

    Mira que ser tan necio
    que tu amor he pretendido,
    mas caigo ahora rendido
    pagando mi locura un caro precio.

    Voy a decirte adiós y mira
    las lágrimas que hoy derramo
    viendo que te sueltas de mi mano
    alejándote de mi vida.

    Voy a decirte adiós y ahora
    que solo voy a quedarme
    no pretendas confortarme
    dulce y conciliadora.

    Voy a decirte adiós
    en silencio y sin nombrarte
    haciendo de mi dolor un arte
    te pondré en manos de Dios.

    sábado, 2 de mayo de 2009

    EL DULCE SABOR DE UNA MUJER EXQUISITA

    (por Gabriel García Marquez)


    Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

    Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida. Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás. Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes...Los que estamos fuera de foco somos los hombres ) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama. Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por
    su belleza y elegancia , es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO. Y un HOMBRE........UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así...... Que se siente orgulloso de tenerla como compañera.... Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes... La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser 'Muy machas' nos llevan gran recorrido... ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque... ¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisitímo manjar en casa.

    viernes, 1 de mayo de 2009

    Dejo tres poemas

    PREGUNTAS INDISCRETAS
    Cuando tu hermanito
    - ese crío fastidioso
    que vaciaba mis bolsillos
    y colmaba mi paciencia -
    te pregunte por mi ausencia,
    por qué no voy,
    por qué no llamo,
    le pedirás que se retire,
    ¡“zapatero a tus zapatos”!
    Que mi nombre no pronuncie,
    grave, le habrás prohibido,
    y una vez que se haya ido
    llorarás por su ocurrencia.

    ELI, LEMA SABACTANI
    Levanto mis ojos al cielo
    y tu silencio, Señor, me abruma
    ¿Cuándo me vendrá tu auxilio?
    ¿Cuándo veré tu mano salvadora?
    Mis ojos se deshacen en lágrimas
    mientras sigues, Señor, ausente
    que no pase yo por necio,
    por haberme en ti abandonado.

    PRISIÓN LACUSTRE
    Quedóse la luna cautiva
    En las garras del húmedo lago
    Y lloran ilusos, grillos noctámbulos
    Implorando clemencia e indulto
    Para la princesa nocturna,
    Que taciturna y mojada
    Gime en su vana prisión de juncos.

    sábado, 4 de abril de 2009

    Esta cosa de Amar y Querer

    En esta entrada quiero proponer un rato de reflexión sobre este tema, esta distinción entre amar y querer. ¿Son sinónimos? Ya los griegos solían usar tres verbos para este asunto del amor. Eros, Phileo y Ágape, cada uno con sus distinciones que bien valdría la pena lo charlemos otro día. La propuesta de esta noche no es, pues, philosophica sino poética. Por eso como disparador he elegido este poema de Andrés Eloy Blanco y como contrapunto una hermosa canción de José José. Espero vuestros comentarios.

    PLEITO DE AMAR Y QUERER

    Me muero por preguntarte
    si es igual o es diferente
    querer y amar, y si es cierto
    que yo te amo y tú me quieres.

    Amar y querer se igualan
    cuando se ponen parejos
    el que quiere y el que ama.

    Pero es que no da lo mismo…
    Dicen que el querer se acaba
    y el amar es infinito;
    amar es hasta la muerte,
    y querer, hasta el olvido.

    Dile al que te cuente historias
    que el mundo es para querer,
    y amar es la misma cosa.

    Querer no es amar. Amando
    hay tiempo de amarlo todo:
    a Dios, al esposo, al mundo;
    tocar el borde y el fondo
    y amar al hijo del pueblo
    como al hijo del esposo.

    ¿Querer es ser para uno
    y amar es ser para todos?
    No; amar es amar, y amar
    es como amar de dos modos:
    a unos como hijos de Dios,
    y como a Dios, a uno solo.

    ¿Amar y querer? Parece
    que amar es lo que abotona
    y querer lo que florece.

    Dicen que amar no hace daño
    donde querer deja huella.
    Si querer es con la uña
    donde amar es con la yema.

    Querer es lo del deseo
    y amar es lo del servicio;
    querer puebla los rincones,
    amar puebla los caminos;
    queriendo se tiene un gozo
    y amando se tiene un hijo.

    Amar es con luz prendida;
    querer, con la luz apagada;
    en amar hay un desfile,
    y en querer hay más batalla.

    Luego querer no es amar;
    querer es guerra con guerra
    y amar es guerra con paz.
    Querer no es lo que tú sientes,
    querer no es lo que tú piensas;
    tu querer de agua tranquila
    ni bulle ni arrastra piedras.

    Querer no es esa apacible
    ternura que no hace huella.

    Querer es querer mil veces
    en cada vez que se quiera.

    Querer es tener la vida
    repartida por igual
    entre el amor que sentimos
    y la plenitud de amar;

    es no dormir por las noches,
    es no ver de día el sol,
    es amar sin dejar sitio
    ni para el amor de Dios;

    es tener el corazón
    entre las manos guardado,
    y si Ella pasa, sentir
    que se nos abren las manos;

    es tener un niño preso
    y envejecido en la cuna;
    querer es brasa que vive
    de la propia quemadura;

    es no reír, porque hay algo
    de lágrima en la sonrisa;
    es no comer, porque sabe
    a corazón la comida;

    es haber amanecido
    sin habernos explicado
    cómo sin haber dormido
    pudimos haber soñado.

    Todo esto es querer y amar,
    y amar es más todavía,
    porque amar es la alegría
    De crearse y crear.

    Es algo como una idea
    que inventa lo que se quiere,
    porque el quererlo lo crea.

    No hay un hombre que supere
    a la versión que de ese hombre
    da la mujer que lo quiere;
    ni existe mujer tan bella,
    ni existe mujer tan pura
    como la que se figura
    el hombre que piensa en ella.

    Por eso, el estarte amando,
    Si con un amor te quiero,
    con otro te estoy creando.

    y tú, en el amor que sientas,
    si con un querer me quieres,
    con otro querer me inventas.

    Pero allí no se detiene
    la creación del amor
    e inventa un mundo mejor
    para el que ni mundo tiene.

    Y el amor se vuelve afán
    de gritarle al pordiosero:
    "Quiero, y porque quiero, quiero
    que nadie te quite el pan"
    que nadie te quite el vino,
    que no te duela en los pies
    la limosna del camino;
    que te alces, alzado y frío
    el puño de tu derecho,
    prestado en rabia a tu pecho
    el amor que hay en el mío.

    Del obrero y sus quereres
    todo el rescoldo se vea
    cuando haga la chimenea
    suspirar a los talleres,
    y en la voz del campesino
    vaya un poco de mi amor,
    como de savia en la flor,
    como de agua en el molino;

    y sí el amor es caricia
    que se nos va de las manos
    para servicio humanos
    en comisión de justicia.

    Amar es querer mejor,
    y si le pones medida,
    te resulta que el amor
    es más ancho que la vida.

    Amar es amar de suerte
    que al ponerle medidor
    te encuentras con que el amor
    es más largo que la muerte.

    Y en el querer lo estupendo,
    y en el amar lo profundo,
    es que algo le toque al mundo
    de lo que estamos queriendo.
    Andrés Eloy Banco


    Álbumes web de Picasa - Ricardo Antonio

    Álbumes web de Picasa - Ricardo Antonio

    martes, 31 de marzo de 2009

    La calidad del tiempo


    (16/7-06-05)

    El café humeaba y su oscuro aroma se interponía entre ellos. Las miradas bajas, siguiendo el rítmico girar de las cucharitas endulzando la infusión. Ni una palabra asomaba a los labios. Ellos contrastaban con el resto de los parroquianos bulliciosos, que parloteaban de política, de fútbol y del tema que los diarios y demás medios imponían para ese día. Él le echó una mirada rápida, ella seguía callada, con la mirada en el pocillo humeante que sostenía delicadamente entre sus dedos; al fin, él tomó la palabra:
    --Así que a fin de mes te confirmarían la titularidad, estabas esperando eso, ¿estás contenta al menos por eso? --le dijo mientras probaba un primer trago.
    --Sí estoy contenta, pero no veo el por qué de tu ironía. --¿Nos hemos encontrado para agredirnos?
    Sosteniendo la mirada, él trató de encontrar sus ojos. Ojos duros, no de rencor, sino de dolor y de orgullo; ella le sostuvo esa dura mirada, desafiante para no demostrar debilidad.
    --Tienes razón, perdona lo imbécil de mi pregunta. --Encontrarnos para pelear no tiene sentido -–dijo tratando de ser conciliador. Y continuó:
    --Sin que te ofendas, entonces, todo el tiempo que le dedicaste a tu trabajo está dando sus frutos. --Supongo que te alegras al ver coronado tanto esfuerzo.
    --¿Estás pasando factura?
    --Te dije que no -–contestó con evidente molestia-–. Y creo que eres tú quien se está poniendo a la defensiva.
    --Sí, te dije que me alegra y hubiera querido que pudiéramos compartir este momento que sabes esperé mucho.
    --¿Ahora eres tú la de los reproches? Te pido que tratemos de hablar como antes, sin pasarnos cuentas de nuestros olvidos. --¿Te parece?
    --Sí, hagamos ese intento.
    Un instante mudo de palabras los envolvió nuevamente. Los pocillos a la mitad descansaban en los platillos. Él, jugando con un sobrecito de azúcar para disimilar el temblor de sus manos y las ganas de tomar entre las suyas las de ella, fue quien de nuevo quebró el cristal de silencio que los separaba.
    --¿Cuándo comenzó? --dijo trémulamente.
    --¿Qué cosa?
    --Esto de agredirnos, de dejar de tratarnos con cariño, de reprocharnos ausencias. --¿Cuándo dimos inicio esta guerra absurda que nos está distanciando?
    --No lo sé. De un día para el otro estábamos así. Menos mal que no nos casamos antes. --Cuando yo te apresuraba. Creo que hubiera sido peor, y más doloroso.
    --Ya lo creo que sí. ¿Pero es que el amor no cura todo eso? Digo, nos queremos --titubeó y bajó la mirada tomando un sorbo de café ya tibio--. ¿Nos queremos? Creo que esa es la pregunta.
    --Por supuesto que nos queremos. Todavía lo hago, todavía sigo creyendo en esto que siento por ti. --Y tú tampoco puedes negarlo, al menos ante mí, no puedes disimular cuando mientes, cuando algo ocultas.
    --Yo no te mentí.
    --Muy pocas veces lo has hecho, y cosas ridículas, por eso me daba cuenta pronto cuando lo hacías. --Y que me sigues queriendo no puedes ocultarlo aunque trates de parecer duro, o de ser irónico conmigo.
    --Sí, es verdad. Nos seguimos queriendo, lo sabía, sólo quería que bajaras la guardia, antes de proseguir.
    --Pues continúa hablando.
    --Bueno, se dice que el amor cura y purifica tantas cosas. Que nos va abriendo, que por él vamos conociéndonos, y lo más importante, que por medio de él vamos creciendo en aceptación el uno del otro, incluso antes de llegar a comprendernos mutuamente.
    Ella lo interrumpió.
    --Disculpa que te interrumpa ¿Te parece que la aceptación viene antes que la comprensión? Cómo vamos a aceptarnos si no nos comprendemos antes...
    --Sostengo que está primero la aceptación. Porque podemos pasar o perder mucho tiempo intentando comprendernos y no lograrlo ni llegar a aceptarnos, entonces creemos que el amor no puede resultar y todo se va por la borda; antes te acepté como eres y cuando más comenzaba a conocerte, allí empezaba a comprenderte.
    --Me parece lógico lo que dices. No lo veía de esa manera, aunque no me resultó difícil contigo, en muchas cosas eres trasparente y te cuesta ocultar cosas. Será por eso que no me llevó tanto tiempo.
    --Sí, será por eso tal vez. Sigo con mi idea: si el amor hace eso, curar y purificar, por qué hemos llegado a esto. Pasábamos mucho tiempo juntos, y lo disfrutábamos. Hasta que tu trabajo y el mío comenzaron a ralear nuestros encuentros, y de un día para el otro los reproches nacieron, se instalaron entre nosotros y no los desterramos. Si había tanto amor entre nosotros, ¿cómo fuimos a caer en esto?
    --¿Piensas que yo tengo la respuesta?
    --No, no pensé que la tuvieras, porque sería continuar con estas ridículas acusaciones. Lo que pensé es que tal vez podríamos buscarla juntos. Al fin y al cabo, somos los directamente involucrados. El daño es mutuo, la carga compartida. Y si pensamos alguna vez en casarnos, esto tendríamos que haberlo aprendido.
    --Hace cuánto que no te escuchaba hablar así, y no es un reproche, no te inquietes. Sólo que estás siendo como antes, cuando me causabas admiración y más me inquietaba el conquistarte.
    --No me halagues, por favor.
    --No, no te halago. Pero estar así de nuevo, intentando conversar sin caer rápidamente en las peleas; redescubriéndonos, intentando rescatar del naufragio nuestra relación me hace recordar aquella que fui, aquella que se enamoró de ti, aquello que te enamoró de mí.
    --¿Te parece el tiempo que pasamos juntos?
    --¿Cómo? ¿Qué hay con él?
    --Si te parece que el tiempo que pasamos juntos fue bien aprovechado.
    --Pasamos mucho tiempo juntos antes. Salidas, estar a solas y hablar, conocernos. ¿No lo disfrutaste?
    --Pero no me refiero a eso, claro que disfruté estando contigo. Digo si de veras lo aprovechamos para conocernos o para disfrutar la compañía el uno del otro. Acaso no caímos en la tentación fácil de comernos a besos o de hablar cursilerías, de recitarte mis poemas o contarte anécdotas de antes de conocerte, de contarme acerca de tu perro o de lo molesta de tu vecina. Que si la computadora, que si yo bla, bla, que si tú bla, bla, bla. A eso me refiero.
    Por primera vez la sonrisa asomó a sus rostros, despejando la bruma de reticencias que se confundía con el humo de un cigarrillo lejano.
    --Vaya, pues a mi perro le agradas aún.
    Y estalló la carcajada por aquella ocurrencia. Esa risa antes hubiera estado tan fuera de contexto, y llamó la atención de los otros parroquianos, quienes miraron a la pareja y olvidándose al instante de ellos siguieron con su perorata.
    --¿No te parece que la cantidad del tiempo que pasamos juntos no es tan importante como la calidad del mismo?
    --¿A qué te refieres?
    --A que debimos aprender a hacer algo mejor de nuestros momentos juntos. Si pretendíamos casarnos, sabíamos que nuestros trabajos y obligaciones absorberían mucho de nosotros; sabíamos que ya no pasaríamos tanto tiempo juntos, aunque llegáramos a compartir el mismo lecho, y Dios sabe que eso lo he deseado tanto, ver el día cuando me despierte y tenerte a mi lado; la calidad del tiempo, de saber aprovecharlo, aunque sean breves espacios entre tus quehaceres y los míos. A veces pensé que eso era preferible; cuando pasaban dos o tres días sin verte, sin llamarte, sin que contestaras un e-mail, más crecían mis ganas de verte, más te deseaba cuando no te tenía cerca. Y también me parece que eso es preferible para que ninguno absorba al otro, para poder mantener nuestra mismidad, porque en definitiva, te amo a ti, y no pretendo que te conviertas o te asimiles a mí. Te amo a ti, y a lo que tú haces nacer en mí. No quisiera amar mi reflejo, y no quisiera que te pase lo mismo. Los dos seremos una sola carne cuando nos casemos, dejaremos nuestros padres y madres, pero no de ser quiénes somos, no dejaremos de lado aquello que nos llevó a enamorarnos uno del otro.
    --Sí, el amor debe curar las rutinas, debe purificarlas. En eso tienes razón, amor -y a ella se le encendió la mirada cuando le dijo así--. Nos fijamos en que el tiempo que pasábamos juntos se estaba haciendo poco y no nos fijamos en la calidad de él. Nos faltaron ideas, creatividad para darle valor y calor. Y recurrimos a los reproches, ya no me interesa quién comenzó, pero fue el arma que preferimos, y las ironías y los golpes bajos, apuntando al corazón, para causar dolor, el mayor daño posible.
    --Eso lo dejemos atrás. ¿Sí? ¿Vamos a intentarlo de nuevo? --y al terminar de decir eso se dio cuenta que las suaves manos de ella eran prisioneras de las suyas, habiendo hecho a un lado los pocillos vacíos.
    Los parroquianos del café nunca vieron que esos dos pares de ojos, situados en la mesa junto a la ventana, brillaban como hacía tiempo no lo hacían. Y tampoco se dieron cuenta del beso que aquellos jóvenes se guardaron para después, a solas, que sellaría aquella reconciliación.

    sábado, 21 de marzo de 2009

    HISTORIAS DE AMOR (Por Alejandro Dolína)

    Esta entrada quiere ser un pequeño tributo a un personaje que admiro. Elegí este texto del universo que tiene el negro. Espero les agrade

    El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor. Los Hombres Sensibles de Flores tomaban ese rumbo cuando querían explicar el cosmos. Y hasta los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas, que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma cosa. Especialmente en el barrio del Ángel Gris, que es también el barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo.
    Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban el desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto.
    Casi todos quedaban en la mitad del camino. Manuel Mandeb veía las cosas de un modo mas complicado. Admitía que la pena de amor conducía al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado. Así parecía opinar Ives Castagnino, el músico de Palermo, quien componía valses melancólicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que mas tarde le servían para deslumbrar señoritas nuevas y así recomenzaba el círculo. Algunos muchachos sin vocación artística trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsión. Los autores de aforismos extrajeron de estas realidades una conclusión modesta: si no fuera por el amor, nadie haría gran cosa. Las muchachas beligerantes podían objetar que estos pensamientos parecen reservados a la conducta masculina. Al respecto,
    Mandeb creía que las mujeres hacían de ellas mismas un hecho artístico.

    El polígrafo de Flores, en un rapto de arbitrariedad, llego a establecer un orden de cualidades, según su eficacia para enamorar.
    Coloco en primer lugar la belleza y luego la juventud, aclarando que estas dos virtudes son tal vez una sola. Después ubico las condiciones espirituales: inteligencia y bondad. En último termino, el poder y el dinero. Muchedumbres de feos de cierta edad polemizaron con Mandeb reclamando el derecho a ser amados por su limpieza, trayectoria comercial o apellido ilustre. De todos modos, para este oscuro pensador, el amor era una flor exótica cuyo hallazgo ocurría muy pocas veces.

    - De cada mil personas que pasen por esa puerta -decía- acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quizás solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millón. No esta tan mal, después de todo.
    Pero dejemos la pura especulación de los espíritus obtusos de Flores.
    Mucho más interesante es saber como amaron realmente. Para ellos habremos de transcribir algunas historias que presumen de veraces y que han llegado hasta nosotros por avenidas literarias o por oscuros atajos confidenciales.

    HISTORIA DEL QUE ESPERO SIETE AñOS
    Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.
    según supo después, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió abandonarlo.
    - No te quiero mas - le dijo.
    Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplico, se humillo, escribió versos horrorosos y lloro en los rincones.
    La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverándose con un deportista reluciente.
    El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez más sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.
    Mas tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor imposible.
    Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.
    Las lágrimas le corrían por el escote cuando le confeso al poeta:
    - Otra vez te quiero.
    Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas.
    El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo. Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca mas, nunca mas volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.

    HISTORIA DEL QEU SE ENAMORO DE UNA NIñA DEMASIADO JOVEN
    Manuel Mandeb supo tener amores con una niña muy joven de la calle
    Paez. La muchacha no hizo cuestión por la diferencia de edades y además es cierto que Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de su sombrío estilo.
    Pero pronto empezaron las dificultades.
    Un día Mandeb insistió en caminar bajo un aguacero mientras recitaba a los gritos un soneto flamante.
    Una noche le hizo el amor en la casa embrujada de la calle Campana para espantar a los demonios.
    A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la niña, en el tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.
    Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino del recuerdo.
    En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le ponía alguna de sus gastadas camisas azules.
    Para su cumpleaños le regalo una sombra robada en Villa del Parque que había encerrado en una cajita de cristal.
    Después enseño a todos los pájaros de Flores a cantar el nombre de a muchacha en su ventana.
    Entonces la niña abandono a Mandeb y comento luego a sus amistades en una pizzería:
    -No éramos de la misma generación.

    HISTORIA DEL QUE SE DESGRACIO EN EL TREN
    Jaime Gorriti tomaba todos los días el tren de las 14.35.
    Y todos los días se fijaba en una estudiante morocha. Con prudente astucia trataba de ubicarse cerca de ella y -a veces- ligaba una mirada prometedora.
    Una tarde empezó a saludarla. Y algunos días después tuvo ocasión de hacerse ver, ayudándola a recoger unos libros desbarrancados.
    Por fin, un asiento desocupado les permitió sentarse juntos y conversar.
    Gorriti acelero y le hizo conocer sus destrezas de picaflor aficionado.
    No andaba mal. La morocha conocía el juego y colaboraba con retruques adecuados.
    Sin embargo, los demonios decidieron intervenir.
    Saliendo de Haedo, la chica trato de abrir la ventanilla y no pudo. Con festo mundano, Gorrito copo la banca.
    - Por favor....
    Se prendió de las manijas, tiro hacia arriba con toda su fuerza y se desgracio con un estruendo irreparable.
    Sin decir palabra, se fue pasillo adelante y se largo del tren en oron.
    Desde ese día empezó a tomar el tren de las 14.10.

    HISTORIA DEL QUE PADECIA LOS DOS MALES.
    En la calle Caracas vivía un hombre que amaba a una rubia.
    Pero ella lo despreciaba enteramente.
    Unas cuadras mas abajo dos morochas se morían por el hombre y se le ofrecían ante su puerta. El las rechazaba honestamente.
    El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y se amados por quien no podemos amar.
    El hombre de la calle Caracas padeció ambas desgracias al mismo tiempo y murió una mañana ante el llanto de las morochas y la indiferencia de la rubia.

    HISTORIA DEL QUE NO PODIA OLVIDAR.
    El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solía dejarlas al poco tiempo. Sin embargo jamás se olvidaba de ellas.
    Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
    La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela.
    Y también las novias que nunca tuvo: la que no lo quiso, la que vio una sola vez en el puerto, la que le vendió un par de zapatos, la que desapareció en un zaguán antes de cruzarse con el.
    Después Salzman lloraba por las novias futuras que aun no habían llegado. Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendían que estaba poseído del más sagrado berretín cósmico: el hombre quería vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una.
    Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la lotería......

    LA CALLE DE LAS NOVIAS PERDIDAS.
    Hay una calle en Flores en la que viven todas las novias abandonadas.
    Al atardecer salen a la vereda y miran ansiosas hacia las esquinas para ver si vuelven los novios que se fueron. A veces conversan entre ellas y rememoran viejos paseos por el Rosedal.
    Por las noches se encierran a releer cartas viejas que guardan en
    cajitas primorosas o admirar fotografias grises.
    Los domingos se ponen vestidos floreados y se pintan los labios.
    Algunas escriben diarios íntimos con letra prolija.
    Dicen que no es posible encontrar esa calle. Pero se sabe que algún día desembocara en la esquina el batallón de los novios vencedores de la muerte para rescatar a las novias perdidas y llevarlas de paseo al Rosedal.
    Esto será dentro de mucho tiempo, cuando endulce sus cuerdas el pájaro cantor.

    Existen por ahí infinidad de personas confiables que juran que el amor es posible en todos los barrios. No habrá de discutirse semejante tesis.
    Pero el que tuviera que vivir pasiones locas, es mejor que no pierda el tiempo en rumbos equivocados. Una historia terrible esta esperando en Flores.


    Más poesías

    Poetas
    Llueve,
    detrás de los cristales llueve
    mojando las oscuras golondrinas
    en esta tarde gris donde se funden
    un tango con versos de Bécquer y Serrat.

    Gime el último organillo mientras leo
    los últimos versos que yo le escribo
    cuando me duele la ausencia de Malena
    y el eterno sueño de Alfonsina en el mar.

    Llora el cielo su tristeza, como llora
    Miguel Hernández la muerte de su amigo,
    renuevo de aquel antiguo llanto
    de David por Jonathán.



    Me dueles
    Me dueles en los labios y en el cuerpo,
    y no sé, entre tanta confusión,
    si me dueles en el alma.
    Me dueles en el silencio de tu ausencia
    que me envuelve, me aturde y me golpea
    y no sé, entre tanta confusión,
    cuánto me duele esta espera.


    Lluvia de otoño
    Llora el cielo sus lágrimas grises
    con llanto copioso y húmedo,
    lavando desnudos árboles
    de las últimas hojas yertas
    que Otoño, ceñudo y travieso,
    tiñó de dorado y de muerte.

    Viento de otoño
    Se fue la hoja, rendida,
    el cuerpo yerto, dorado,
    se entregó sumisa al viento
    que la arrancara del viejo árbol.

    Se va rodando la pobre
    lejos del parque querido,
    llorando su desventura
    va a perderse en el olvido.



    lunes, 9 de febrero de 2009

    Les parece un cuento?

    Odiosas Comparaciones

    Ya no podía soportarlo más. Tenía que decírtelo de una buena vez. Era un tormento seguir a tu lado, era una tortura indescriptible. No sé si no te dabas cuenta, pero tú no colaborabas en nada. Yo sabía que el reto era grande. Yo sabía que la huella que él había dejado en ti era profunda. Y aun a sabiendas de eso me aventuré a ganar tu corazón.
    Me lancé, como lo haría cualquier enamorado, enteramente confiado a tamaña empresa. Y hoy me doy de bruces contra la realidad de que lo sigues queriendo. O tal vez no lo quieres, pero estás tan aferrada a su recuerdo y todo lo mides con su parámetro. Y ya no resisto las comparaciones. Después de todo, cada hombre tiene su cuota de orgullo, y ya ves, se me acabó la paciencia. Mi orgullo ya no resiste más.
    Porque te amaba soportaba tus “actos fallidos”, cuando después de un beso me llamabas con su nombre. Porque te amaba solía amoldarme a sus gustos, que los recuerdas bien, hasta el mínimo detalle. Porque te amaba te llevaba a aquellos lugares que tanto te gustan y resultó que él te los hizo conocer. Hasta llegué al colmo de usar su mismo perfume, porque solía encantarte. Me estaba despojando de mí mismo, me estaba poniendo su traje, pero ya no lo soporto. Entiende, somos distintos.
    Quiero ser yo mismo, y hubiera querido que me ames por mí mismo. Te consentiría dejar mis defectos, cambiar aquellos que te hagan mal o te disgusten. Pero quiero que me ames a mí, tanto como yo te amo. Y no que me quieras porque te recuerdo a él, porque sientes lo mismo que sentías con él. Ahora veo que ni siquiera te enamoraste de mí, sino de lo bien que te sentías a mi lado, de lo mucho que te recordaba cuando eras feliz con él.
    No habitamos dos hombres o mujeres idénticos en el mundo. Cada uno es único, cada uno es irrepetible, entiéndelo. Cada uno somos una obra de arte única salidos de las manos de Dios. Y yo no podía más. Estaba dejándome a mí mismo de lado por conquistarte, y creo que eso no era malo. Pero si bien el amor exige renuncias, creo estar convencido que es para ser mejor uno mismo, y no para transformarnos en otro, en burdas imitaciones.
    Abre los ojos, por favor. Nadie resiste tanto tiempo las odiosas comparaciones. Y mi amor se agota, tanta humillación lo desangra en vano. Debo luchar cada momento con su fantasma, en una batalla desigual, y ya tengo bastante con los míos. Necesitas liberarte, necesitas despojarte de todos sus recuerdos. Mira, yo quise ayudarte. Yo quise vaciarte de él para ir ocupando tu corazón. Dios sabe cuánto lo intenté. Dios conoce mi esfuerzo denodado, Dios sabe que mis fuerzas se agotaron luchando contra feroces tormentas en mi pequeño velero.
    ¿Y sabes por qué te lo digo? Porque quisiera apiadarme del que venga después de mí. De aquel pobre diablo que quiere tomar la posta. No es difícil enamorarse de ti. Tienes todo lo que un buen hombre quisiera de una mujer. Si hubieras mirado a través de mis ojos, hubieras visto la hermosa familia que quise formar contigo, hubieras visto las purezas de mis intenciones, pero sólo tenías ojos para buscarlo.
    Seguro que vendrá otro. Alguien querrá ayudarte a alcanzar tus sueños. Con tanta buena voluntad como la tuve yo, con tanto amor lo intentará. Pero si tú no cambias, si no te haces un exorcismo de él, ese alguien huirá como yo lo hago ahora, cargado de pesar y con el orgullo herido.
    Qué cosas se me ocurren ahora. ¿Recuerdas ese principio de la física, de que un cuerpo no puede ocupar el lugar que otro ya ocupa? Pues mira, podría formularlo de que ningún amor puede ocupar un corazón que ya está ocupado por otro. Me creía aquello que un amor con otro pronto se olvida, pero contigo no ha funcionado, eres la excepción que confirma la regla. Y maldito sea el momento que yo vine a confirmarlo.
    Cambia por favor, de lo contrario otros se estrellarán contra la ilusión de hacerte feliz; de darte el amor que te mereces, porque juro que lo mereces; no eres mala, sólo que, que...
    Basta, ya he dicho bastante. Ahora déjame partir, y te pido que no me retengas, de ninguna manera, de ningún modo, también vacíate de mí, si es que algo mío te ha logrado ganar. Pero yo no puedo intentarlo más, pero yo no...
    No creas que esto te lo digo por machismo. Por Dios que no es así. Esto te lo digo de puro humano que soy, con toda mi fragilidad y qué se yo, pero...
    ¿Ves? Tampoco es fácil para mí. Termina tu café y te acompañaré a tomar un taxi. Y cuando llegues a tu casa olvídate por favor, te lo ruego, que me viste llorar en esta despedida. Pues mis lágrimas quizá te causen pena y no quiero que sientas lástima de mí. Anda, termina tu café, y no prolonguemos más esta agonía.

    martes, 13 de enero de 2009

    Un poco de poesía

    Perla herida (30/04/04)

    De lo profundo de tus ojos negros

    manó, solitaria, una perla herida

    cuando de mi boca torpe se fugaron

    viles palabras de despedida.

    Necio, entonces, te volví la espalda,

    y tras vanos sueños construidos

    en el aire, levanté mis alas.















    Burdo poema (05/05/04)

    El viento extiende sus alas

    y recoge mis palabras sueltas,

    mariposas sin color ni gracia,

    de mi loca pretensión de poeta.

    Viento, te llevas mis palabras

    que mi necia pluma atrevida

    engendrara, pretenciosa y altiva,

    en la forma de un burdo poema.





    Parca (03/06/04)

    Ya viene la pérfida Parca

    tensando hosca mis hilos,

    viene a buscarme callada,

    viene apurando su filo.