lunes, 9 de febrero de 2009

Les parece un cuento?

Odiosas Comparaciones

Ya no podía soportarlo más. Tenía que decírtelo de una buena vez. Era un tormento seguir a tu lado, era una tortura indescriptible. No sé si no te dabas cuenta, pero tú no colaborabas en nada. Yo sabía que el reto era grande. Yo sabía que la huella que él había dejado en ti era profunda. Y aun a sabiendas de eso me aventuré a ganar tu corazón.
Me lancé, como lo haría cualquier enamorado, enteramente confiado a tamaña empresa. Y hoy me doy de bruces contra la realidad de que lo sigues queriendo. O tal vez no lo quieres, pero estás tan aferrada a su recuerdo y todo lo mides con su parámetro. Y ya no resisto las comparaciones. Después de todo, cada hombre tiene su cuota de orgullo, y ya ves, se me acabó la paciencia. Mi orgullo ya no resiste más.
Porque te amaba soportaba tus “actos fallidos”, cuando después de un beso me llamabas con su nombre. Porque te amaba solía amoldarme a sus gustos, que los recuerdas bien, hasta el mínimo detalle. Porque te amaba te llevaba a aquellos lugares que tanto te gustan y resultó que él te los hizo conocer. Hasta llegué al colmo de usar su mismo perfume, porque solía encantarte. Me estaba despojando de mí mismo, me estaba poniendo su traje, pero ya no lo soporto. Entiende, somos distintos.
Quiero ser yo mismo, y hubiera querido que me ames por mí mismo. Te consentiría dejar mis defectos, cambiar aquellos que te hagan mal o te disgusten. Pero quiero que me ames a mí, tanto como yo te amo. Y no que me quieras porque te recuerdo a él, porque sientes lo mismo que sentías con él. Ahora veo que ni siquiera te enamoraste de mí, sino de lo bien que te sentías a mi lado, de lo mucho que te recordaba cuando eras feliz con él.
No habitamos dos hombres o mujeres idénticos en el mundo. Cada uno es único, cada uno es irrepetible, entiéndelo. Cada uno somos una obra de arte única salidos de las manos de Dios. Y yo no podía más. Estaba dejándome a mí mismo de lado por conquistarte, y creo que eso no era malo. Pero si bien el amor exige renuncias, creo estar convencido que es para ser mejor uno mismo, y no para transformarnos en otro, en burdas imitaciones.
Abre los ojos, por favor. Nadie resiste tanto tiempo las odiosas comparaciones. Y mi amor se agota, tanta humillación lo desangra en vano. Debo luchar cada momento con su fantasma, en una batalla desigual, y ya tengo bastante con los míos. Necesitas liberarte, necesitas despojarte de todos sus recuerdos. Mira, yo quise ayudarte. Yo quise vaciarte de él para ir ocupando tu corazón. Dios sabe cuánto lo intenté. Dios conoce mi esfuerzo denodado, Dios sabe que mis fuerzas se agotaron luchando contra feroces tormentas en mi pequeño velero.
¿Y sabes por qué te lo digo? Porque quisiera apiadarme del que venga después de mí. De aquel pobre diablo que quiere tomar la posta. No es difícil enamorarse de ti. Tienes todo lo que un buen hombre quisiera de una mujer. Si hubieras mirado a través de mis ojos, hubieras visto la hermosa familia que quise formar contigo, hubieras visto las purezas de mis intenciones, pero sólo tenías ojos para buscarlo.
Seguro que vendrá otro. Alguien querrá ayudarte a alcanzar tus sueños. Con tanta buena voluntad como la tuve yo, con tanto amor lo intentará. Pero si tú no cambias, si no te haces un exorcismo de él, ese alguien huirá como yo lo hago ahora, cargado de pesar y con el orgullo herido.
Qué cosas se me ocurren ahora. ¿Recuerdas ese principio de la física, de que un cuerpo no puede ocupar el lugar que otro ya ocupa? Pues mira, podría formularlo de que ningún amor puede ocupar un corazón que ya está ocupado por otro. Me creía aquello que un amor con otro pronto se olvida, pero contigo no ha funcionado, eres la excepción que confirma la regla. Y maldito sea el momento que yo vine a confirmarlo.
Cambia por favor, de lo contrario otros se estrellarán contra la ilusión de hacerte feliz; de darte el amor que te mereces, porque juro que lo mereces; no eres mala, sólo que, que...
Basta, ya he dicho bastante. Ahora déjame partir, y te pido que no me retengas, de ninguna manera, de ningún modo, también vacíate de mí, si es que algo mío te ha logrado ganar. Pero yo no puedo intentarlo más, pero yo no...
No creas que esto te lo digo por machismo. Por Dios que no es así. Esto te lo digo de puro humano que soy, con toda mi fragilidad y qué se yo, pero...
¿Ves? Tampoco es fácil para mí. Termina tu café y te acompañaré a tomar un taxi. Y cuando llegues a tu casa olvídate por favor, te lo ruego, que me viste llorar en esta despedida. Pues mis lágrimas quizá te causen pena y no quiero que sientas lástima de mí. Anda, termina tu café, y no prolonguemos más esta agonía.

2 comentarios:

rara calma dijo...

dicen q los hombres se enamoran de una sola mujer en su vida y el resto de las veces tratan de encontrar a la más parecida a aquella. En este relato, sucedería lo contrario, pero vale preguntarse ¿esta mujer de la que habla, estaba enamorada de alguien o solo estaba enamorada del sentimiento de amar?

Ricky dijo...

Está dedicado a una amiga, que me compartió este sentimiento; entonces le escribí este cuento para que vea el daño que puede hacer al que quiera amarla y se tope con este muro que construye las odiosas comparaciones